miércoles, 10 de septiembre de 2014

Se despertó gritando y sudando, se paró de un brinco. Se dio cuenta de que se había dormido en la silla de su viejo escritorio de caoba.
Ese escritorio era un claro reflejo de su persona; se veía gastado, cansado, a nada de derrumbarse. La madera se había comenzado a descomponer por dentro y definitivamente se le empezaba a notar. Estaba ya resquebrajado y le faltaban dos cajones, ese espacio vacío estaba cubierto de telarañas.
"qué asco"-dijo en voz alta al pensarlo y realmente le dieron náuseas.
Su propia voz le sonó extraña y recordó que era la única que había escuchado en semanas... Ni su música contenía palabras ahora.
Cada cabeza es un mundo, 
¿Cómo podemos pretender siquiera entendernos siempre?
No se puede. Lo intentamos? Vale la pena?
Sería irreal?
Hoy me pasó, me pasó al mirar por la ventana. Vi todas esas nubes oscuras, pero ni una sola gota de lluvia. Me enojé mucho al principio, hacía un calor del carajo.
Y me quedé ahí, parada viendo las inútiles nubes! Las odié por quedarse tan inmóviles también, como yo.
Pensé tantas idioteces. Pensé: "Hoy se va mi mejor amiga, qué voy a hacer? No me quiero caer"
Pensé después: "tal vez no sea tan mala idea, nunca me he dado realmente el tiempo de caerme, tal vez eso sea justamente lo que necesito, tal vez así se van las nubes. Tal vez no llueve por mi culpa. Tiene que llover."
En un segundo ese pensamiento se aplastó y pensé que había alguien nuevo, alguien que me necesitaba mucho en este momento, que demandaba mi atención y aunque eso me agobiaba, no podía derrumbarme justo ahora. También había alguien