miércoles, 10 de septiembre de 2014

Se despertó gritando y sudando, se paró de un brinco. Se dio cuenta de que se había dormido en la silla de su viejo escritorio de caoba.
Ese escritorio era un claro reflejo de su persona; se veía gastado, cansado, a nada de derrumbarse. La madera se había comenzado a descomponer por dentro y definitivamente se le empezaba a notar. Estaba ya resquebrajado y le faltaban dos cajones, ese espacio vacío estaba cubierto de telarañas.
"qué asco"-dijo en voz alta al pensarlo y realmente le dieron náuseas.
Su propia voz le sonó extraña y recordó que era la única que había escuchado en semanas... Ni su música contenía palabras ahora.

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